La reconfiguración de las cadenas de suministro globales iniciada por la pandemia de COVID-19, acelerada por la guerra en Ucrania y reforzada por las tensiones geopolíticas entre EE. UU. y China, está generando un ciclo de inversión industrial en Europa sin precedentes desde los años ochenta. España se posiciona como uno de los destinos más atractivos de este ciclo gracias a la combinación de factores estructurales, incentivos fiscales y una apuesta decidida en sectores estratégicos como los vehículos eléctricos, los semiconductores y las energías renovables.
El contexto del nearshoring: por qué Europa y por qué ahora
El nearshoring —relocalización de la producción cerca del mercado de consumo— responde a una lógica que ha cambiado en los últimos cinco años. Durante los noventa y dos mil, el offshoring hacia Asia estaba impulsado exclusivamente por el diferencial de costes laborales. En 2024, los factores que impulsan la relocalización hacia Europa son más complejos:
Resiliencia de la cadena de suministro. Los plazos de entrega de componentes procedentes de Asia han pasado de cuatro-ocho semanas en escenarios normales a más de doce meses durante los episodios de disrupción. La gestión de riesgos de cadena de suministro ha pasado a ser un factor estratégico en las decisiones de sourcing de los grandes fabricantes OEM.
Política industrial de los grandes bloques. El Chips Act europeo (Reglamento UE 2023/1781) dotado con 43.000 millones de euros, el Inflation Reduction Act estadounidense y las políticas de “Made in China 2025” están creando presiones para localizar producción dentro de cada bloque. Las empresas que suministran a clientes europeos tienen incentivos crecientes —tanto de política pública como de política de compras de sus clientes— para producir en Europa.
Costes de transporte y huella de carbono. El coste del transporte marítimo se multiplicó por diez durante los episodios de disrupciones post-pandemia. Aunque los fletes han revertido parcialmente, el Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM) incrementará progresivamente el coste de las importaciones con alta huella de carbono, favoreciendo a la producción local.
España como destino de inversión industrial: factores competitivos
Los indicadores clave que posicionan a España como destino atractivo para la inversión industrial europea son:
Coste laboral y productividad. El salario mínimo en España es de 1.134 euros mensuales en 2024, frente a los 2.571 euros de Alemania o los 1.946 euros de Francia. El coste laboral por hora trabajada en la industria manufacturera española es aproximadamente un 40% inferior al alemán, con una productividad laboral que se ha acercado significativamente a la media europea en los últimos diez años.
Infraestructuras de transporte. España cuenta con la red de alta velocidad ferroviaria más extensa de Europa (3.700 km en servicio), cuatro de los veinte principales puertos europeos en movimiento de contenedores (Algeciras, Valencia, Barcelona y Las Palmas), y con acceso al Corredor Mediterráneo y al Corredor Atlántico de la Red Transeuropea de Transporte (RTE-T).
Energía renovable y competitividad energética. España generó en 2023 más del 50% de su electricidad a partir de fuentes renovables, con perspectivas de alcanzar el 74% para 2030. Los costes de generación eléctrica, aunque afectados por la volatilidad del mercado mayorista, son estructuralmente inferiores a los del norte de Europa gracias al recurso solar. Para las industrias electrointensivas —fundición de aluminio, fabricación de baterías, producción de hidrógeno verde— esto es un factor determinante.
Incentivos fiscales para la inversión. La Ley del Impuesto sobre Sociedades incluye deducciones específicas para inversiones en I+D+i (artículo 35 LIS) y en producción cinematográfica (artículo 36), así como la deducción por creación de empleo. Las Zonas de Especial Desarrollo Económico (ZECs) en Canarias ofrecen un tipo del IS del 4% para empresas que se instalen y creen empleo en el archipiélago.
Sectores con mayor potencial de crecimiento en España
Vehículos eléctricos y movilidad
España es el segundo mayor fabricante de vehículos de Europa y el décimo mundial. Los grandes fabricantes presentes en España —SEAT/Cupra (Martorell), Stellantis (Zaragoza y Vigo), Ford (Valencia) y Volkswagen en su proyecto de gigafactoría en Sagunto— están invirtiendo masivamente en la transición a vehículos eléctricos. La decisión de Volkswagen de construir en Sagunto (Valencia) una de sus seis gigafactorías europeas de baterías, con una inversión prevista de 7.000 millones de euros y hasta 3.000 empleos directos, es el indicador más claro del posicionamiento de España en esta cadena de valor.
Semiconductores y microelectrónica
El Chips Act europeo establece el objetivo de duplicar la cuota de Europa en la producción mundial de semiconductores hasta el 20% para 2030. En España, el Centro Nacional de Microelectrónica (CNM-CSIC) en Barcelona y los proyectos de IDM o de OSATs (Ensamblado, Test y Empaquetado) están atrayendo inversiones de empresas asiáticas y norteamericanas que buscan una base en Europa.
Aeronáutica y defensa
España es el cuarto productor aeronáutico de Europa, con clusters industriales maduros en Sevilla (Airbus), Madrid (Indra, GMV, ITP Aero) y País Vasco (ITP Aero). El incremento del gasto en defensa de los socios de la OTAN —España se ha comprometido a alcanzar el 2% del PIB en defensa para 2029— está generando una demanda sostenida de sistemas de armas, vehículos blindados, drones y equipamiento de ciberseguridad.
Farmacéutica y equipos médicos
La pandemia demostró la fragilidad de la dependencia del suministro de medicamentos y equipos médicos de cadenas de producción asiáticas. La estrategia Pharma Vision de la UE impulsa la relocalización de la producción de principios activos farmacéuticos (API) en Europa. España, con capacidades instaladas en Cataluña, Madrid y la Comunidad Valenciana, está captando inversiones de relocalización en este segmento.
Marco fiscal para inversores extranjeros en España
Las empresas extranjeras que invierten en España a través de una entidad jurídica española tienen acceso a los incentivos fiscales generales del IS, más los incentivos específicos aplicables según la comunidad autónoma donde se localice la inversión. Los puntos clave son:
Tipo del IS. El tipo general es del 25%. Las empresas de nueva creación aplican el 15% en los dos primeros ejercicios con base imponible positiva. Las pymes con facturación inferior a un millón de euros aplican el 23%.
Deducciones por I+D+i. El crédito fiscal por I+D del artículo 35 LIS (25% del gasto, 42% del exceso sobre la media de los dos años anteriores) es aplicable a las actividades de investigación realizadas en España, con independencia de que la empresa matriz esté en el extranjero.
Convenios para evitar la doble imposición. España tiene convenios de doble imposición con más de noventa países. La elección correcta de la estructura societaria —sociedad española con socio en el país de origen— puede minimizar la retención en la fuente sobre dividendos, intereses y cánones.
Régimen de entidades de tenencia de valores extranjeros (ETVE). Las ETVE permiten a grupos multinacionales gestionar desde España las participaciones en sociedades extranjeras con exención de los dividendos y plusvalías procedentes de esas participaciones (artículo 21 LIS), siempre que se cumplan los requisitos de actividad sustancial en España.
Proceso de establecimiento: pasos prácticos
Una empresa manufacturera extranjera que quiere establecer operaciones en España debe recorrer los siguientes pasos:
- Elección de la forma jurídica (SL o SA) y constitución ante notario.
- Alta censal ante la AEAT (modelo 036) y obtención del NIF.
- Inscripción en el Registro de Inversiones Extranjeras del Ministerio de Economía (obligatoria para inversiones superiores a 500.000 euros o que procedan de determinados países).
- Licencias de actividad municipal y licencias sectoriales (si la actividad está regulada).
- Alta en la Seguridad Social y registro de los primeros empleados.
- Solicitud de certificaciones ISO (9001, 14001, IATF 16949 para el sector automoción) que son requisito de homologación de muchos clientes industriales.
El tiempo total desde la decisión de inversión hasta el inicio de la producción oscila entre doce y veinticuatro meses para plantas industriales de tamaño medio, dependiendo fundamentalmente de la disponibilidad de suelo industrial y de los plazos de obtención de licencias ambientales.
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