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Plan de Reestructuración Empresarial: Reestructura la Deuda Antes del Concurso

Plan de reestructuración pre-concursal bajo TRLC arts. 616-732: reestructura la deuda de tu empresa antes del concurso con protección judicial y eficacia vinculante para acreedores disidentes.

¿Su empresa necesita reestructurar la deuda antes del concurso?

4-8 meses
Período de protección judicial (escudo protector) frente a ejecuciones
Arts. 616-732
TRLC — marco jurídico del plan de reestructuración pre-concursal
60-75%
Mayorías requeridas por clase de acreedores para homologación judicial
Ley 16/2022
Reforma concursal — transposición de la Directiva EU 2019/1023
4.8/5 en Google · 50+ reseñas25+ años de experiencia5 oficinas en España500+ clientes
Fecha límite Insolvencia inminente (3 meses)

Ventana de actuación

El plan de reestructuración requiere insolvencia inminente — si se cruza a insolvencia actual sin solicitar el concurso, se activa la responsabilidad personal del administrador. Actúe antes de ese umbral

Cómo funciona el plan de reestructuración bajo el TRLC (Ley 16/2022)

01

Diagnóstico de viabilidad y mapa de deuda

Analizamos la posición financiera real de la empresa: flujo de caja proyectado a 18 meses, estructura de deuda por tipo y clase de acreedor (financiero garantizado, financiero no garantizado, comercial, público), activos disponibles y su valor de realización, y contratos críticos. Determinamos si la empresa está en insolvencia inminente o ya ha cruzado a insolvencia actual, qué clases de acreedores son relevantes para las mayorías, y si el negocio tiene viabilidad real con una estructura de deuda reestructurada. Este análisis es el punto de partida del plan y condiciona toda la estrategia negociadora.

02

Elaboración del plan de reestructuración (TRLC arts. 616-631)

Redactamos el plan conforme al TRLC: análisis de viabilidad del negocio con deuda reestructurada, clasificación de los créditos afectados por clases (garantizados, ordinarios, subordinados, públicos), propuesta de quita y espera diferenciada por clase, medidas operativas de ajuste incluidas en el plan (reestructuración de plantilla, desinversiones, cierre de líneas de negocio), y calendario de cumplimiento con hitos verificables. Coordinamos con asesores financieros la estructuración de medidas como la capitalización de deuda (debt-to-equity) o la financiación interina (DIP financing) para mantener operaciones durante la negociación.

03

Comunicación al juzgado y activación del escudo protector

Comunicamos al juzgado mercantil el inicio de negociaciones con los acreedores para alcanzar un plan de reestructuración. Esta comunicación activa el escudo protector del art. 627 TRLC: paralización de ejecuciones individuales sobre activos necesarios, moratoria sobre la realización de garantías reales y protección frente a solicitudes de concurso necesario por parte de acreedores disidentes. El período de protección dura hasta 4 meses (prorrogable a 8) desde la comunicación, durante el que la empresa puede negociar sin la presión de las ejecuciones.

04

Negociación con acreedores por clases

Representamos a la empresa en las negociaciones con cada clase de acreedor: bancos con deuda garantizada (préstamos sindicados, líneas de crédito, leasing), fondos de deuda distressed, acreedores comerciales relevantes, y administraciones públicas (AEAT, TGSS). Diseñamos la propuesta de quita y espera específica para cada clase, gestionamos los acuerdos de standstill y coordinamos la due diligence que los acreedores financieros habitualmente requieren antes de votar el plan. Conocer las dinámicas internas de los comités de riesgo bancario y los objetivos de los fondos de deuda es fundamental para diseñar propuestas viables.

05

Proceso de votación y homologación judicial

Gestionamos el proceso de votación del plan por clases de acreedores. Para la aprobación del plan se requieren mayorías cualificadas en cada clase. Cuando el plan obtiene las mayorías necesarias, solicitamos la homologación judicial ante el juzgado mercantil (art. 639 TRLC): el juez puede extender los efectos del plan a los acreedores disidentes dentro de cada clase mediante el mecanismo de cram-down. Una vez homologado, el plan tiene eficacia vinculante para todos los acreedores afectados y constituye un instrumento ejecutivo.

El desafio

Muchas empresas con problemas de liquidez llegan al concurso de acreedores porque no conocen la herramienta que la Ley 16/2022 puso a su disposición: el plan de reestructuración pre-concursal. Esta figura — transposición de la Directiva europea 2019/1023 sobre marcos de reestructuración preventiva — permite a una empresa en insolvencia inminente negociar con sus acreedores bajo protección judicial, sin necesidad de declarar el concurso y sin perder el control de la gestión. El plan puede incluir quita, espera, capitalización de deuda y medidas operativas. Si obtiene las mayorías requeridas en cada clase de acreedores, el juez lo homologa y sus efectos se extienden a los disidentes. La ventana de actuación es limitada: solo cuando todavía existe insolvencia inminente (la empresa no podrá pagar en los próximos 3 meses) y antes de que la insolvencia se vuelva actual. Una vez que la empresa no puede pagar, el margen de maniobra se reduce drásticamente y la responsabilidad personal de los administradores empieza a acumularse.

Nuestra solución

Diseñamos y ejecutamos el plan de reestructuración pre-concursal desde el diagnóstico inicial hasta la homologación judicial. Analizamos la viabilidad del negocio con deuda reestructurada, elaboramos el plan conforme a los arts. 616-732 del TRLC, comunicamos al juzgado mercantil para activar el escudo protector frente a ejecuciones, coordinamos la negociación con cada clase de acreedores y gestionamos el proceso de votación y homologación. Trabajamos en colaboración con Herrera García Abogados, con amplia experiencia concursal, para asegurar la correcta estructuración jurídica del plan y su viabilidad procesal.

El plan de reestructuración es el instrumento pre-concursal del Libro I del Texto Refundido de la Ley Concursal (TRLC, arts. 616-732), introducido por la Ley 16/2022 en transposición de la Directiva europea 2019/1023 sobre marcos de reestructuración preventiva. Permite a una empresa en insolvencia inminente — cuando prevé que no podrá cumplir regularmente sus obligaciones en los próximos 3 meses — negociar con sus acreedores una reestructuración de la deuda bajo protección judicial, sin declarar el concurso de acreedores y sin perder el control de la gestión. El plan puede incluir quita, espera, capitalización de deuda (conversión en participaciones sociales) y medidas operativas. Si obtiene las mayorías cualificadas requeridas en cada clase de acreedores, el juzgado mercantil puede homologarlo y extender sus efectos a los acreedores disidentes mediante el mecanismo de cram-down (art. 639 TRLC). BMC, en colaboración con Herrera García Abogados, asesora en el diseño, negociación y homologación de planes de reestructuración para empresas medianas y grandes con deuda bancaria, financiera o comercial significativa.

¿Su empresa necesita reestructurar la deuda antes del concurso?

El plan de reestructuración pre-concursal es la herramienta más potente que la reforma de la Ley Concursal (Ley 16/2022) ha puesto a disposición de las empresas españolas con problemas de deuda — y también la menos utilizada, porque muchos administradores y sus asesores no la conocen o llegan demasiado tarde para activarla.

La ventana de actuación es precisa: la empresa debe estar en situación de insolvencia inminente (no podrá cumplir sus obligaciones en los próximos 3 meses) o, de forma preventiva, cuando existe una probabilidad razonable de insolvencia futura. Una vez que la insolvencia se vuelve actual — la empresa ya no puede pagar — el administrador tiene la obligación legal de solicitar el concurso en 2 meses, y las opciones pre-concursales quedan condicionadas a ese plazo.

Los indicadores que vemos repetidamente: una empresa con deuda bancaria significativa que vence o entra en período de amortización acelerada, líneas de crédito que los bancos no renuevan en las condiciones habituales, tensiones de tesorería crecientes que se gestionan como “problema temporal” durante meses, y un comité de riesgo bancario que ya ha cambiado la clasificación interna del crédito. Cuando estos señales se acumulan, el tiempo de actuación pre-concursal se agota rápidamente.

La buena noticia: si se actúa con la antelación suficiente, el plan de reestructuración permite reestructurar la deuda de forma ordenada, bajo protección judicial, sin concurso y sin perder el control de la empresa. La Ley 16/2022 ha dado a España uno de los marcos de reestructuración preventiva más avanzados de Europa — comparable al Chapter 11 americano en algunos aspectos relevantes.

Cómo funciona el plan de reestructuración bajo el TRLC (Ley 16/2022)

El plan de reestructuración se articula en tres fases principales reguladas en los arts. 616-732 del TRLC:

Fase 1: Diseño y comunicación al juzgado (arts. 616-634)

La empresa elabora el plan con el asesoramiento de sus jurídicos y financieros. El plan debe contener: análisis de viabilidad del negocio con deuda reestructurada, clasificación de los créditos afectados en clases homogéneas, propuesta de quita y espera para cada clase, medidas operativas de ajuste incluidas en el plan, y calendario de cumplimiento.

Una vez que el plan está suficientemente desarrollado — o cuando la urgencia lo requiere, incluso antes de que esté completo — la empresa comunica al juzgado mercantil el inicio de las negociaciones. Esta comunicación activa el escudo protector del art. 627 TRLC: durante 4 meses (prorrogables a 8), ningún acreedor puede ejecutar garantías reales sobre activos necesarios para el negocio ni solicitar el concurso necesario.

Fase 2: Negociación con acreedores por clases (arts. 635-638)

La negociación se desarrolla clase por clase de acreedores. La clasificación correcta es fundamental: los créditos se agrupan según su posición económica y jurídica (garantizados, ordinarios, subordinados, públicos). Dentro de cada clase, los acreedores votan sobre el plan.

Las mayorías requeridas son del 60% del pasivo de la clase para que el plan sea vinculante para todos los que han votado, y del 75% para que sea vinculante para los disidentes que no han votado o han votado en contra. La precisión en la structuración de clases y en la propuesta para cada una determina la viabilidad del proceso de votación.

En los planes con deuda bancaria sindicada, los bancos actúan bajo protocolos internos de comités de riesgo que tienen plazos propios de decisión. Los fondos de deuda distressed tienen estructuras de decisión más ágiles pero objetivos de rentabilidad muy concretos. Diseñar una propuesta que sea aceptable para unos y otros, en el mismo plan, es uno de los aspectos más delicados de la negociación.

Fase 3: Votación y homologación judicial (arts. 639-655)

Una vez alcanzadas las mayorías en cada clase, o cuando los acreedores disidentes de alguna clase dificultan la aprobación unánime, se solicita la homologación judicial. El juzgado mercantil examina que el plan cumple los requisitos legales — mayorías, contenido, viabilidad, ausencia de perjuicio desproporcionado a los acreedores — y dicta el auto de homologación.

El auto de homologación tiene dos efectos centrales: (1) el plan es vinculante para todos los acreedores afectados, incluidos los disidentes de cada clase que cumple la mayoría del 75% (cram-down); (2) el plan constituye un instrumento ejecutivo y su incumplimiento activa los mecanismos de ejecución previstos en el propio plan o en el TRLC.

El escudo protector: negociación sin presión de ejecuciones

El escudo protector es el elemento que hace posible la negociación ordenada. Sin él, cualquier acreedor podría ejecutar sus garantías o instar el concurso necesario mientras las negociaciones están en curso, lo que haría imposible alcanzar acuerdos con el resto.

El art. 627 TRLC establece que, desde la comunicación al juzgado, se paralizan:

  • Las ejecuciones individuales sobre bienes y derechos necesarios para la continuación de la actividad empresarial, con independencia de quién las haya iniciado.
  • La ejecución de garantías reales (hipotecas, prendas) sobre los activos necesarios para el negocio, incluso si el acreedor garantizado no es parte de las negociaciones.
  • Las solicitudes de concurso necesario por parte de acreedores, durante todo el período de protección.

Este escudo no es absoluto: no paraliza ejecuciones sobre activos no necesarios para la actividad, no afecta a los acreedores de créditos contra la masa, y tiene un límite temporal. La gestión del período de protección — incluyendo posibles prórrogas si las negociaciones están en curso — es uno de los aspectos donde el asesoramiento experto marca la diferencia.

Plan de reestructuración vs. convenio concursal: cuándo usar cada herramienta

AspectoPlan de reestructuraciónConvenio concursal
MomentoInsolvencia inminente (pre-concursal)Durante el concurso de acreedores
Control gestiónLa empresa mantiene el controlIntervención o sustitución por adm. concursal
Administrador concursalNo hay (en la mayoría de casos)Nombrado por el juzgado
PublicidadMás limitadaPublicación en Registro Concursal
Cram-down acreedores disidentesSí (con mayorías por clase)Sí (con mayorías del art. 327 TRLC)
Deuda públicaNegociable con limitacionesNegociable con limitaciones
Duración3-8 meses12-24 meses (concurso completo)

El plan de reestructuración es la herramienta adecuada cuando: (a) la empresa tiene viabilidad real con deuda reestructurada; (b) la insolvencia es inminente, no actual; (c) hay posibilidad de alcanzar acuerdos con los acreedores principales; y (d) el objetivo es evitar el concurso y sus efectos sobre la reputación, los contratos y la gestión. El convenio concursal es la herramienta equivalente dentro del concurso, cuando el plan pre-concursal no fue posible o no tuvo éxito.

Para empresas que ya han cruzado al estado de insolvencia actual, la opción más urgente es el concurso de acreedores o el preconcurso, según el estado de las negociaciones. Para administradores personas físicas con deudas personales derivadas de avales, la segunda oportunidad es el mecanismo complementario.

Fuentes y Marco Normativo

Errores frecuentes que comprometen la viabilidad del plan de reestructuración

La experiencia en procedimientos de reestructuración revela que los planes que fracasan —o que no llegan a homologarse— suelen incurrir en errores predecibles:

  1. Iniciar las negociaciones demasiado tarde. El plan de reestructuración requiere tiempo para su negociación con los acreedores, para la elaboración de proyecciones financieras sólidas y para la homologación judicial. Las empresas que esperan a estar en situación de insolvencia actual tienen mucho menos margen de maniobra que las que actúan ante los primeros síntomas de insolvencia probable. La Ley 16/2022 reconoce expresamente que el plan puede aprobarse en situación de mera “insolvencia probable” — la empresa no necesita estar ya en incumplimiento de pagos para acceder al mecanismo.

  2. No elaborar proyecciones financieras creíbles. El plan de reestructuración debe demostrar que la empresa es viable a largo plazo tras la reestructuración de la deuda. Las proyecciones financieras que asumen un crecimiento optimista sin fundamento, que no contemplan escenarios adversos o que no están respaldadas por hipótesis documentadas serán cuestionadas por los acreedores y por el experto en reestructuración. Un plan con proyecciones poco creíbles no genera la confianza necesaria para alcanzar el apoyo de los acreedores.

  3. No agotar la comunicación de apertura de negociaciones (preconcurso) como paso previo. La comunicación del artículo 583 del TRLC otorga protección frente a ejecuciones durante el período de negociación sin necesidad de abrir el concurso. Muchas empresas en dificultades saltan directamente al concurso voluntario sin haber aprovechado esta herramienta de protección temporal, lo que acelera el procedimiento y reduce las opciones de negociación.

  4. No identificar correctamente las clases de acreedores. El plan de reestructuración debe respetar el orden de prelación de créditos y la estructura de clases definida por la ley. La clasificación incorrecta de un acreedor puede determinar que el plan no alcance las mayorías necesarias para su aprobación, o que sea impugnado con éxito por acreedores disidentes.

La figura del experto en reestructuración

La Ley 16/2022 introdujo la figura del experto en reestructuración, un profesional especializado que puede ser nombrado judicialmente para facilitar las negociaciones entre el deudor y sus acreedores. El experto no tiene funciones de administración concursal —la empresa sigue siendo gestionada por sus administradores— sino de mediación y de apoyo técnico al proceso de negociación. Su designación es voluntaria para el deudor, aunque el juez puede nombrarle de oficio en determinadas circunstancias. En los planes de reestructuración complejos, contar con un experto de confianza mutua puede acelerar significativamente el proceso y aumentar las posibilidades de alcanzar el apoyo mayoritario de los acreedores.

Efectos del plan de reestructuración sobre los contratos y las garantías

Uno de los aspectos más complejos del plan de reestructuración es su interacción con los contratos en vigor y las garantías existentes. El TRLC establece reglas específicas sobre qué contratos pueden quedar afectados por el plan, cómo se tratan los contratos con acreedores disidentes y cuál es el destino de las garantías personales y reales que los administradores o socios hayan prestado.

En términos generales, el plan de reestructuración afecta únicamente a los créditos comprendidos en su ámbito de aplicación y no puede modificar unilateralmente contratos de suministro, arrendamiento u otros contratos bilaterales pendientes de ejecución sin el consentimiento de la contraparte, salvo que la ley establezca lo contrario. Las garantías personales prestadas por los socios o administradores de la sociedad deudora tampoco quedan extinguidas por el plan, salvo que los garantes sean parte en el mismo. Este punto es especialmente relevante para los socios de sociedades familiares o los administradores que han avalado personalmente créditos bancarios: la reestructuración de la deuda de la sociedad no les libera de su responsabilidad personal como avalistas.

La coordinación entre el plan de reestructuración, el derecho societario y la planificación fiscal es esencial para anticipar los efectos fiscales de las quitas y esperas (que pueden generar renta tributable para la sociedad deudora), la tributación de las eventuales capitalización de deuda en capital, y los efectos sobre el crédito fiscal de las bases imponibles negativas generadas durante el período de dificultades.

El escudo protector: negociación sin presión de ejecuciones

Teníamos un préstamo sindicado de tres bancos que vencía y no podíamos refinanciar en las condiciones habituales. BMC, en colaboración con Herrera García Abogados, activó el escudo protector y nos dio cuatro meses para negociar sin que los bancos pudieran ejecutar la garantía hipotecaria. El plan de reestructuración se homologó con quita del 25% y ampliación de plazo a 8 años. La empresa sigue en pie con todos sus trabajadores.

Grupo Alcántara Logística, S.A.
Consejero Delegado

Equipo con experiencia local y visión internacional

Qué incluye nuestro asesoramiento en planes de reestructuración

Diagnóstico financiero y análisis de viabilidad

Análisis de la posición de insolvencia (inminente o actual), proyección de flujo de caja, mapa de deuda por clases de acreedores, evaluación de activos y su valor de realización, identificación de contratos críticos, y determinación de la viabilidad del negocio con deuda reestructurada.

Diseño y redacción del plan de reestructuración

Elaboración del plan conforme al TRLC: clasificación de créditos en clases, propuesta de quita y espera diferenciada, medidas operativas de ajuste, estructuración de la financiación interina si es necesaria, y calendario de cumplimiento con hitos verificables.

Activación del escudo protector

Comunicación al juzgado mercantil del inicio de negociaciones para activar el período de protección (arts. 627-634 TRLC): paralización de ejecuciones sobre activos necesarios, moratoria de garantías reales y protección frente a concurso necesario durante 4-8 meses.

Negociación con cada clase de acreedores

Representación en las negociaciones con bancos, fondos de deuda, acreedores comerciales relevantes y administraciones públicas. Diseño de la propuesta para cada clase, coordinación de la due diligence de los acreedores financieros, y gestión de los acuerdos de standstill durante la negociación.

Proceso de votación y homologación judicial

Gestión del proceso de votación por clases, solicitud de homologación ante el juzgado mercantil, aplicación del cram-down para vincular a acreedores disidentes dentro de cada clase, y seguimiento del auto de homologación y su inscripción registral.

Responsable de este servicio

Raúl Herrera García

Of Counsel — Derecho Concursal

Colegiado Ilustre Colegio de la Abogacía de Madrid (ICAM) Licenciatura en Derecho, Universidad Autónoma de Madrid Especialización en Derecho de la Empresa y de los Negocios (Mercantil, Procesal Civil, Concursal)

18 años asesorando clientes internacionales

Preguntas frecuentes sobre el plan de reestructuración empresarial

El plan de reestructuración pre-concursal requiere que la empresa esté en situación de insolvencia inminente: no podrá cumplir regularmente sus obligaciones en los próximos 3 meses, pero todavía no se encuentra en insolvencia actual (ya no puede pagar). También puede utilizarse de forma preventiva cuando existe probabilidad de insolvencia futura, aunque aún no sea inminente. La ventana temporal es crítica: una vez que la insolvencia se vuelve actual, el administrador tiene la obligación legal de solicitar el concurso en 2 meses, y la vía del plan de reestructuración solo puede continuarse bajo las condiciones más restrictivas del Libro I del TRLC. Actuar antes convierte el plan en una herramienta preventiva; actuar demasiado tarde lo convierte en una carrera contra el reloj.
El plan de reestructuración es un procedimiento pre-concursal: la empresa mantiene el control de la gestión, no se nombra administrador concursal, los efectos del escudo protector son más limitados y menos visibles para terceros que el concurso. El concurso de acreedores es el procedimiento judicial universal de insolvencia, con intervención o sustitución del administrador, administrador concursal nombrado por el juzgado y publicidad registral completa. El plan de reestructuración evita los costes, los plazos y la estigmatización del concurso cuando existe viabilidad real del negocio y posibilidad de negociar con los acreedores. Es la herramienta del Libro I del TRLC; el concurso es el Libro II.
El escudo protector (art. 627 TRLC) es la protección judicial que se activa cuando la empresa comunica al juzgado mercantil el inicio de negociaciones para un plan de reestructuración. Durante el período de protección: (1) los acreedores no pueden iniciar ejecuciones individuales sobre los activos necesarios para la continuación del negocio; (2) los acreedores con garantía real no pueden ejecutar las garantías sobre esos activos; (3) ningún acreedor puede solicitar el concurso necesario contra la empresa. El período inicial es de 4 meses desde la comunicación, prorrogable hasta 8 meses por el juzgado si se acredita que las negociaciones están en curso y hay razonable perspectiva de éxito.
El plan requiere mayorías cualificadas en cada clase de acreedores. Para los acreedores financieros con garantía real: el 60% del pasivo de la clase para efectos generales, y el 75% para que el plan sea vinculante para los disidentes dentro de esa clase. Para el resto de acreedores ordinarios: el 60% o el 75% según el alcance del cram-down que se pretenda. Las mayorías se calculan sobre el importe nominal de los créditos de cada clase, no por cabezas. La clasificación correcta de los créditos en clases es uno de los aspectos técnicos más relevantes del plan: una clasificación inadecuada puede invalidar el proceso de votación.
Si el plan obtiene las mayorías requeridas en cada clase, el juez puede homologarlo y extender sus efectos a los acreedores disidentes de esa clase mediante el mecanismo de cram-down (arts. 639-655 TRLC). Los acreedores disidentes quedan vinculados por el plan aunque hayan votado en contra. Sin embargo, tienen derecho a impugnar la homologación si el plan les deja en peor posición que en el escenario de liquidación (el llamado test del acreedor disidente o best interest of creditors test). Determinadas clases de acreedores — como los acreedores públicos — tienen limitaciones específicas respecto al contenido de los acuerdos que pueden asumir en el plan.
Los créditos con la AEAT y la TGSS son créditos de derecho público con privilegio general. Pueden incluirse en el plan de reestructuración, pero las administraciones públicas tienen limitaciones legales respecto al contenido de los acuerdos que pueden asumir: pueden negociar aplazamientos y fraccionamientos dentro de sus procedimientos administrativos, pero los límites de quita para deuda pública son más restrictivos que para deuda privada. En la práctica, el plan suele proponer a las administraciones públicas acuerdos de fraccionamiento a largo plazo más que quitas, que son difícilmente homologables sobre deuda pública de importes elevados.
Si las negociaciones no prosperar o el plan no obtiene las mayorías suficientes para su homologación, la empresa tiene varias opciones: iniciar el concurso de acreedores voluntario (si la insolvencia es actual), solicitar la apertura del procedimiento de liquidación, o intentar una reestructuración alternativa con un grupo diferente de acreedores. El fracaso del plan no precluye ninguna de estas vías. Lo importante es que el administrador actúe dentro de los plazos legales: si durante las negociaciones la empresa ha cruzado al estado de insolvencia actual, el administrador tiene 2 meses para solicitar el concurso. El asesoramiento continuo durante el proceso es esencial para gestionar estos plazos.
El TRLC prevé la posible designación de un experto en reestructuración (art. 682 TRLC) para asistir en las negociaciones, verificar el cumplimiento de requisitos o mediar entre las partes cuando hay desacuerdo. No es obligatorio en todos los casos, pero los planes de mayor complejidad — con varios tipos de deuda, múltiples acreedores institucionales, desinversiones de activos relevantes o reestructuraciones operativas significativas — se benefician de contar con un experto independiente que aporte credibilidad al proceso ante los acreedores. En BMC, en colaboración con Herrera García Abogados, evaluamos en cada caso si la complejidad del plan justifica la designación de un experto externo.
La duración del proceso de negociación y homologación depende de la complejidad de la estructura de deuda y del número de acreedores: planes con 2-3 acreedores financieros principales pueden completarse en 3-4 meses; planes con deuda sindicada, fondos de deuda y múltiples clases pueden extenderse a 6-8 meses. El coste del plan de reestructuración es significativamente inferior al del concurso ordinario: no hay arancel de administrador concursal, los costes judiciales son menores y el proceso es más rápido. La comparación relevante no es con el concurso, sino con el valor del negocio que se puede preservar: un plan que reduce el pasivo en un 30-40% y extiende los plazos 5-7 años puede marcar la diferencia entre la continuidad y la liquidación.
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¿Su empresa no podrá afrontar los pagos de los próximos 3 meses y necesita reestructurar la deuda antes de que sea demasiado tarde?

¿Tiene deuda bancaria significativa (préstamos sindicados, líneas de crédito) que necesita renegociar urgentemente para mantener la viabilidad del negocio?

¿Conoce el plan de reestructuración pre-concursal como alternativa legal al concurso de acreedores para empresas con insolvencia inminente?

¿Necesita activar el escudo protector frente a ejecuciones de acreedores mientras negocia la reestructuración de la deuda?

¿Su empresa tiene viabilidad real con una estructura de deuda reestructurada, pero los acreedores no llegan a un acuerdo unánime?

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Plan de Reestructuración (Ley Concursal)

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